2:26 hs. Sábado 29 de Abril de 2017
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MARÍA LÓPEZ GARCÍA

Las noches de Concepción del Uruguay ya no son seguras. No se puede salir a caminar en familia, no se puede abrir las ventanas por la noche... ni siquiera se puede dormir. Porque desde hace años, y cada vez más gravemente, Concepción del Uruguay es la ciudad de la fiesta, del alcohol, de la droga y de los jóvenes sin control.

Los ciudadanos hemos pedido buenamente, hemos realizado denuncias, interpuesto cantidad de recursos de legales. Todo esfuerzo ha sido vano. Porque los jóvenes de Concepción del Uruguay son hijos de la desidia institucional pero, lo que es más triste y más desesperanzador, son hijos de la desidia de sus familias.

Los jóvenes de Concepción del Uruguay salen de sus casas alcoholizados en autos (que muchas veces les prestan ¡e incluso les regalan! sus propios padres). Son los mismos padres los que se acercan a la comisaría a pagar cifras escandalosas para sacar a sus hijos o recuperar sus vehículos. Son estas familias lasque tapan con dinero el peligro acuciante que sus hijos borrachos y drogados representan para la sociedad, las que pagan para que nadie sepa que sus hijas orinan a horcajadas en los zaguanes de gente que dicen respetar, los que compran a sus hijos el privilegio de su fiesta ególatra, el derecho de conducir autos saturados de parlantes que aturden las calles y se roban el merecido descanso de una ciudad entera. Un derecho básico que no se le roba ni a los presos en ninguna parte del mundo.

En algunos barrios de nuestra ciudad el calvario alcanza las 8 de la mañana. Las calles, las plazas y las puertas de los hogares son un paisaje de vidrios rotos, alcohol derramado, orina y vómito. Los vecinos, sin dormir, salimos, denigrados, a limpiar esa mugre de los hijos ajenos, de esos hijos abandonados a sus adicciones.

Desde hace años, en Concepción del Uruguay nadie duerme tranquilo, nadie está seguro. Los hijos de la desidia andan sueltos, protegidos por una policía inerme, por el dinero de sus padres, y por nuestro silencio. Y es nuestra obligación como sociedad atender a este problema del presente, porque no será otro nuestro futuro.

Ahora convocan al nuevo descontrol: la fiesta de año nuevo. El mensaje, que circula a través de las redes y espera gente de pueblos vecinos, invita después de las 12 a la Plaza Urquiza (frente a la Escuela Normal). Ojalá que no tengamos que ser los vecinos los que hagamos cumplir la Ley.

María López García
DNI 24.061.282

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